miércoles, 7 de septiembre de 2022

Del magnicidio fallido al Dólar $oja

ARGENTINA: UN PAÍS QUE SE AUTOFAGOCITA














La historia nacional argentina está signada por una intermitente guerra civil a veces encubierta y a veces violentamente desembozada. Este enfrentamiento aún inconcluso se inició en los albores mismos de la independencia en 1810; su persistencia a lo largo de ya más de 170 años a pesar de las profundas transformaciones económicas, sociales y políticas acaecidas en el país, más aún, la continuidad de los mismos apellidos, como los Mitre, los Paz y los Martínez de Hoz, contra los mismos enemigos, como los montoneros; la reiteración de las mismas falsas opciones como civilización o barbarie, solo puede explicarse por la esencia misma de esta lucha ya casi bicentenaria. Se trata del enfrentamiento entre las fuerzas que pretenden el pseudo progreso del país a partir del capital imperialista venido desde el exterior, y las fuerzas que pretenden el desarrollo de las fuerzas productivas nacionales expandiendo el mercado interno. Por eso es que con las abismales diferencias que separan a la formación social de hoy, de aquella de hace 170 años, los dos polos de este enfrentamiento aun inconcluso mantienen sus mismos nombres: pueblo y oligarquía.

Bases para la Alianza Constituyente de la Nueva Argentina,

(1982, Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero)

  

Acontecimientos como el que acaba de conmover a la opinión pública local e internacional ameritan pronunciarse expresando un repudio sin cortapisas, pero no necesariamente intentar emular a Sherlock Holmes para acumular algunos likes en las redes sociales. De manera que no pasaremos por alto la gravedad que encierra el intento de asesinato de la Vicepresidenta de la Nación, ni libraremos una carrera detectivesca contra reloj para ganar de mano a la amañada Justicia de este país barajando conclusiones sobre la planificación de dicho atentado. 

Consecuentemente con ese punto de vista, y a contrapelo de quienes interpretan que lo sucedido es producto de una escalada de lo que llaman los “discursos del odio”, pretendiendo que “tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”, terciaremos manifestando que ello está lejos de constituir la militarización de la “grieta” electoral entre dos coaliciones políticas - una decididamente neoliberal y otra, en sus mejores momentos, de tendencia neodesarrollista… pero ambas defensoras de un sistema capitalista desbocado que ya no repara en aniquilar la vida en el planeta -, dado que, a nuestro entender, expresa la descomposición local de esas democracias de viejo cuño que vienen zozobrando  en el mundo entero. 

En efecto, en la medida en que consideramos con los clásicos que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, y que la polarización electoral vigente en Argentina constituye un espejismo falaz de la misma, nuestro categórico rechazo a ese crimen mayúsculo, y afortunadamente no consumado,  no nos impedirá ratificar - sin ningún tipo de especulación conspirativa - que el Cristinazo distrajo la atención colectiva del Ajustazo perpetrado casi en paralelo por el súper ministro Massa, que por estas horas se codea con sus amigos del gusanaje cubano afín al ex Presidente Trump a fin de oxigenar la endeble economía nacional. 

En todo caso, la historia contemporánea de nuestro país registra numerosos ejemplos de indiscutible radicalización de la lucha de clases, particularmente ocurridos durante el período en que, como alguien escribió, el peronismo equivalió a “un exabrupto en la siesta continental”. 

El mes en curso es pródigo en materia de acontecimientos que van en esa línea. Sin ir más lejos, el 16 de Septiembre de 1955, tres meses después de haberse cometido el hecho inédito - en condiciones ajenas a una guerra - del bombardeo a cielo abierto de la principal plaza pública del país (foto que ilustra esta nota) en horario de máxima actividad, producido por aviones de la Marina bendecidos por la curia de entonces, tuvo lugar la deposición de un gobierno popular democrática y mayoritariamente electo, a lo cual siguió la restauración del poder oligárquico autodenominada Revolución Libertadora, que contara con apoyo del gobierno norteamericano y el público beneplácito del Primer Ministro británico Winston Churchill, lo cual inauguró, tras la Operación Masacre de los basurales de José León Suárez, un ciclo de proscripción y persecución de las grandes mayorías nacionales que se prolongaría por más de 17 años. 

Continuando esa línea de análisis, y sin desviarnos de los crímenes alineados con la fecha anteriormente mencionada, aparentemente adoptada por los dueños del país para conmemorar - ahora sí - su profundo odio de clase, el lunes 16 de septiembre de 1974 fue asesinado Atilio López por la Triple A, acaso terminal local de una internacional del terror. “El Negro” López, junto a Ricardo Obregón Cano (gobernador de Córdoba este último, y Vice suyo el anterior), expresaron un programa político inédito hasta entonces, que apostó a la integración de diversos sectores del movimiento obrero organizado con partidos políticos. 

Y culminando esta sucinta pero no infundada revisión, el 16 de septiembre de 1976, luego de una protesta en reclamo del boleto estudiantil secundario, varios estudiantes de La Plata fueron secuestrados en sus propios domicilios por la dictadura oligárquico militar genocida encabezada por el Gral. Videla. Ese  operativo de escarmiento contra una juventud rebelde, ejecutado por Fuerzas Conjuntas al mando de la Policía Bonaerense liderada por el Gral. Camps, trajo consigo una ola de secuestros, torturas y asesinatos, y marcó un antes y un después en Argentina, en tanto involucró a militantes menores de edad. 

De manera tal que, a la hora de denunciar el odio antiperonista visceral que anima a los dueños de nuestro país, conviene analizar con la cabeza fría - aunque no minimizar - la emergencia de bandas facciosas que proliferan globalmente en un momento histórico de miseria de las ideas, en el que la expresión más conservadora y reaccionaria de la “insatisfacción democrática” genera monstruos como Le Pen, Bolsonaro, Milei, o monstruitos como Fernando Sabag Montiel y Brenda Uliarte (capaces, estxs últimxs, de soñar con sus quince minutos de fama intentando un Crimen de Estado) 

En todo caso, si de revisar el odio gorila se trata - y esto sin pasar por alto las numerosas respuestas que este ha recibido por parte del campo popular -, ya que en el mes en curso vastos sectores de la militancia también conmemoran el Día del Montonero y la Montonera, resulta recomendable apelar a un caso que sintetiza más de dos siglos de confrontación vigente entre los bloques sociales en pugna, que no son otros que Pueblo y Oligarquía, como lo definiera el Profesor Rodolfo Puiggrós: En octubre de 1975, el Comandante Marcos Osatinsky, sobreviviente de aquella Fuga del Penal de Rawson que acaba de cumplir 50 años, fue arrestado y torturado por las fuerzas de seguridad del entonces gobernador Raúl Lacabanne, cuyos esbirros “escenificaron” su muerte para que pareciera un enfrentamiento cuando intentaban rescatarlo.  La decisión de matarlo se tomó porque era imposible ocultar las marcas de las torturas si aparecía vivo. Cuando su cadáver era trasladado por la familia a su provincia natal, Tucumán, para recibir sepultura, otro grupo armado se llevó el ataúd y arrojó su cuerpo en un pozo cerca de Barranca Yaco, al norte de Córdoba, donde lo dinamitó. Para más dato, ese fue el paraje donde, en el Siglo XIX, los hermanos Reinafé, por orden de la oligarquía portuaria, emboscaron y ejecutaron a otro Comandante montonero, el Gral. Juan Facundo Quiroga

¡Vaya apego a la historicidad de una guerra civil latente e inconclusa, la de los poderosos de esta tierra, que nunca pierden de vista quiénes son los verdaderos enemigos de sus intereses! 

Por todo lo expuesto, a no perder los estribos revoleando conjeturas de ocasión capaces de confundir el árbol con el bosque, mientras la cuestión de fondo sigue exhibiendo a una fuerza política que prometió “volver para ser mejores” y a un gobierno que asumió esgrimiendo la consigna “primero lxs últimxs” victimizandosé, mientras a distancia prudencial del blindaje mediático sostenido a ambos lados de “la grieta”, la leve recuperación del empleo no encuentra correlato alguno en el salario, y el vaciamiento parcial de los silobolsas por parte de las patronales del campo promete generar divisas que es más sensato pensar que irán al cumplimiento de los compromisos con el FMI que a la mesa familiar de quienes sobreviven procurando comer al menos una vez al día.

Y es eso lo que debe desvelar a cualquier militancia que se precie de consecuente con un pueblo que no da más.- 

 

JORGE FALCONE 

5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias, hermano. Sin ánimo alguno de bajarle el precio a lo ocurrido, tampoco hay que "dar por el pito más que lo que el pito vale".

      Eliminar
  2. Notable síntesis...dolorosa historia. Gracias ,.gracias

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. De nada. El hecho pudo haber sido orgánico o no, pero lo que creemos es que no es de cabotaje. Más bien es el correlato local de un fenómeno global de desencanto por derecha con las democracias republicanas.

      Eliminar