Cavilaciones de un
setentista atravesado por los vientos de 2001
Y SI EN OCTUBRE SE IMPUSIERA EL AUSENTISMO, ¿CÓMO SEGUIMOS…?

Escasos motivos para enamorarse de la política
En el Siglo XIX, el filósofo alemán Carlos Marx consideraba a las revoluciones como el verdadero motor de la Historia. En el Siglo XXI, el sociólogo ecosocialista brasileño Michael Löwy opina que hoy la Revolución consistiría en una humanidad consciente y dispuesta a frenar el desastre climático poniendo coto a las oligarquías globales defensoras de las energías fósiles.
Lejos de ser una cuestión únicamente ambiental, el cambio climático se consolida como un problema de seguridad nacional. El Pentágono advirtió que los eventos extremos ya están afectando la infraestructura militar, y que se necesita una inversión urgente para modernizar el sistema energético y adaptarlo a los desafíos del futuro. El informe concluye con una advertencia clave: sin acciones concretas para reforzar la resiliencia energética, un gran apagón mundial no es una posibilidad lejana, sino un escenario probable. Solo se trata de un “detalle” entre los tantos que indican hasta qué punto ha arrastrado a la humanidad la gobernanza global, cuanto menos la de Occidente.
Sin embargo, la Historia es pródiga en lecciones ineludibles. Nuestra América acaba de aportar una de ellas: El desencuentro entre compañeros de lucha que entronizaron en el vértice del Ejecutivo a sectores originarios marginados de la vida pública durante más de cinco siglos, y bregaron en foros internacionales por los derechos de la Madre Tierra, cierra 20 años de gestión de la izquierda en Bolivia. La gran novela gauchesca de nuestro país lo advertía en el Siglo XIX: “…que, si entre hermanos pelean, los devoran los de afuera”. No obstante, a veces parece que las pequeñeces humanas pueden más que la experiencia.
En tanto, un presidente elegido por descarte frente a opciones que ya tuvieron oportunidad de gobernar y fracasaron, continúa desmantelando la Nación Argentina. Sin ir más lejos, el magnate británico Joe Lewis, amigo de Mauricio Macri, acaba de lograr la propiedad de la hidroeléctrica de Lago Escondido gracias a una resolución publicada en el Boletín Oficial. El empresario es reconocido por su escandalosa propiedad del sur con la que se apropió de un lago, recibió jueces y empresarios de medios de comunicación y hasta por tener un “ejército privado” de empleados que atacó, por ejemplo, a activistas encabezados por el oficial sanmartiniano Julio César Urien durante incursiones al territorio en reclamo de soberanía, tema a todas luces irrelevante para la agenda oficial, como lo demuestra la recepción a cuerpo de rey de los emisarios del Imperio: En el marco de la Conferencia Sudamericana de Defensa (SOUTHDEC), realizada en Buenos Aires, el jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, Alvin Holsey, mantuvo una serie de reuniones bilaterales con las máximas autoridades militares de la región para conversar sobre la seguridad en el hemisferio, con el eje puesto en la influencia de China y las “organizaciones criminales transnacionales”. En tal contexto, la Ministra sionista de Seguridad volvió a abogar por la intervención de las FFAA en asuntos de seguridad interior, a la vieja usanza.
La eliminación de mediaciones entre sociedad y Estado, continúa produciendo estragos en todos los órdenes. De hecho, la distribución de un lote de fentanilo contaminado que ya ocasionó la muerte de un centenar de personas sinceró que la ANMAT padece un 23% de recorte de insumos, y su personal un 40% de pérdida salarial, permaneciendo activos menos de 10 inspectores para controlar 100 laboratorios. Recientemente, el organismo regulatorio advirtió sobre la posible contaminación y presencia de gusanos en un lote de tomate triturado de primera marca (Marolio), alertando a la población sobre la presumible presencia de parásitos microstomum sp. Dicho producto fue distribuido en escuelas y comedores comunitarios de algunos municipios bonaerenses y se pidió no consumirlo ni comercializarlo. Conclusión: La desregulación mata.
A propósito de nuestra encrucijada nacional, la consultora Rubikon-Intel realizó una compulsa durante la primera quincena de julio en la Ciudad de Buenos Aires, en Santa Fe, Chaco, Salta, San Luis y Jujuy, que tuvieron en sus elecciones locales intermedias una merma de entre el 4% y el 14%, respecto al 2021, obteniendo registros que podrían anticipar resultados correspondientes a los próximos y decisivos comicios venideros: el bonaerense, el 7 de septiembre, y el nacional, el 26 de octubre.
“El ausentismo en algunas provincias superó su promedio histórico y la participación cayó hasta 17 puntos porcentuales respecto de 2021″, consigna el estudio.
Y agrega que, “aun entre quienes no votaron, un 59 % se declara interesado en la política, y que las principales críticas apuntan a que los candidatos ‘se olvidan de la gente después de ganar’ (65,1%) o ‘solo buscan cargos’ (50%)”.
“El conjunto de los motivos de abstención pueden organizarse en un esquema de tres polos: la abstención doctrinaria, dominante en varones de media edad, profesionales; la desilusión con el voto por Milei llevada al punto de la desconexión y la prescindencia; la falta de alternativas opositoras que puedan considerarse al mismo tiempo potentes y pertinentes”, explicó el sociólogo y antropólogo Pablo Semán, que junto a Josefina Salvatierra fueron los responsables del estudio cualitativo.
La encuesta reveló que “el clima emocional es negativo y puede influir tanto en la abstención como en el voto de castigo”, y precisó que “las emociones dominantes son bronca, decepción, cansancio y tristeza, especialmente entre jóvenes (16-30) y mayores (61+)”.
Si la tendencia continúa, advierte el informe, la abstención podría consolidarse como un hábito político que debilite la participación y la legitimidad del sistema.
La pregunta que dichos indicadores dejan flotando es inquietante: ¿lograrán los partidos y dirigentes reconstruir el vínculo roto con una ciudadanía que, aunque se declare democrática e informada, empieza a ejercer su derecho a no votar?
Dado que oportunamente se la escuchara impugnar una unidad del peronismo cimentada en el rejunte de voluntades, la última columna de la lúcida referente de Patria Grande Ofelia Fernández en el canal de streaming Blender - dicho sea de paso, tributario del mismo paquete accionario que sostiene a Carajo, su contraparte libertariana - fue rematada por la lectura del mensaje de un oyente quien, al cabo de un cierre de listas que incluye al sector que integra la columnista, le espetó: “Se diría que amenazaste con darte de baja del servicio y terminaste aceptando esta promo”. Realpolitik en estado puro.
Visto los numerosos indicadores del humor social imperante, y considerando que el oficialismo acaba de protagonizar nuevas derrotas parlamentarias, dado que Diputados anuló su veto a la emergencia en discapacidad, y en el Senado avanza un dictamen que cambia los DNU para quitarle un poder clave, a lo cual se suma el “fuego amigo” del desplazado Spagnuolo, ex director de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) , que amenaza con hacer públicas las grabaciones que comprometen a Milei, a su hermana Karina y a los Menem, si coincidiéramos en que, con sus más y sus menos, el kirchnerismo fue la experiencia más auspiciosa de lo que Alejandro Horowicz designa como “democracia de la derrota”, y aceptáramos que Javier Gerardo Milei bien puede haber comenzado a experimentar su “canto del cisne”, ante la vacancia de alternativas políticas dignas de atención, ¿correspondería, por reducción al absurdo, concluir que a su gobierno le sigue La Nada?
Hace poco la encuestadora Shila Vilker sostuvo en FutuRock que “el electorado le tiene terror al vacío”. A partir de dicha afirmación, ¿debería inferirse que en consecuencia se volverá a votar por un “mal menor”? Y, en tal caso, ¿eso no pondrá en evidencia que continuamos atrapadxs en una Matrix posibilista que - con perversa lógica - nos impide salir de la encerrona?
¿Será pues que lxs descendientes de Evita y el Che hemos perdido la capacidad de encaramarnos a la pared del laberinto para otear el horizonte y ensayar una salida?
Existe un relativo consenso entre numerosxs exponentes del pensamiento crítico acerca de que se vive un colapso generalizado de la imaginación política.
Entonces, si la visual es corta, puede que no quede otra alternativa que la de revisar aquellas valiosas lecciones de la Historia que mencionábamos al principio.
Las barbas en remojo
Tener muchos años contribuye a que cundan el reuma, la calvicie, y la miopía. Pero cuando en el tren de la vida se viaja asomando por la ventanilla, a lo anterior se suma la posibilidad de ser testigos privilegiados de una época.
Quien escribe estas líneas se reconoce hijo de una generación sobre estimulada, y formada en el marco de casi 18 años de alza de masas (1955 - 1973) Es más, me atrevería a afirmar que, para las grandes mayorías, ese último año fue una fiesta. Dormirse seguro, no precisamente gracias a una alarma laser perimetral, sino a causa de escuchar que en la avenida principal del lugar de residencia un pueblo insomne festeja sin parar, constituye una experiencia intransferible.
A ese estado de movilización social y empoderamiento popular se sumaría el libre acceso a todo tipo de insumos culturales que interpelaron drásticamente a cada certeza considerada inamovible hasta entonces: La religión se vio conmocionada por la Teología de la Liberación, propuesta por el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez; la Filosofía de la Liberación, impulsada por nuestro recordado Enrique Dussel, discutía con los pensamientos más anacrónicos en la materia; la siquiatría convencional encontraba su némesis en la Antipsiquiatría planteada por el siquiatra sudafricano David Cooper; la educación tradicional era cuestionada por la Pedagogía del Oprimido enarbolada por el educador brasileño Paulo Freire; hasta el teatro tal y como lo conocíamos era deconstruido desde el Brasil Profundo por el Teatro del Oprimido, a instancias de Augusto Boal y, desde nuestras villas miserias, por el Grupo Octubre, liderado por Norman Briski… Sería inagotable enumerar las fuentes en que tuvo la oportunidad de abrevar nuestra generación, bajo el influjo de los vientos insurgentes que, de la mano del Comandante Guevara, convocaban a forjar una nueva humanidad.
Lejos estuvimos de la perfección. Pero fuimos buena gente. De ahí que la drasticidad con que respondió la clase dominante tuviera la dimensión del sueño que llegamos a amasar.
Sobre eso se ha escrito y filmado bastante, y seguramente continuarán desempolvándose testimonios y estudios aún pendientes de consideración.
Pero, en nuestra historia reciente, un posible punto de partida para revisar los fenómenos hoy designados como “crisis de representación política” e “insatisfacción democrática”, acaso sea el hecho incontrastable de que la dictadura oligárquico militar genocida no fue desalojada por una ofensiva popular que impuso las reglas del mundo plebeyo a la bisoña democracia en ciernes, sino más bien por el desprestigio internacional ganado por el régimen violando los derechos humanos e inventando una guerra de fatídico desenlace en el Atlántico Sur a fin de perpetuarse, lo cual no desconoce en modo alguno la resistencia sin cuartel y por todos los medios a su alcance que nuestro pueblo libró para deshacerse del gobierno de facto.
Desde la recuperación del orden constitucional, la mayor parte del activismo se avino a ensayar formas de construir poder constituyente por dentro del poder constituido, mientras que algunos sectores, recelosos de los enjuagues del sistema para perpetuarse, optaron - con diversa suerte - por militar exclusivamente en el seno de la comunidad.
Con honrosísimas excepciones, el saldo de esa primera experiencia fue una cosecha de “jóvenes viejos” entrenados en los métodos más fulleros de la política institucional, y podría decirse que, entre quienes optaron por el otro camino, cunde un desgaste producto de haber intentado lidiar en inferioridad de condiciones y con orientaciones que, en general, acorde a los ciclos de reflujo y dispersión social, no atinaron a reformular utopías acordes a los desafíos que propone el Siglo XXI.
En apretada síntesis, durante las cuatro décadas de simulación democrática en curso, salvo las riquísimas experiencias piqueteras iniciadas con las luchas de Cutral Có y Gral. Mosconi a partir de los 90s, y gestadas al calor de la camaleónica mutación de un peronismo absolutamente regido por las leyes del mercado, que habrían de ser el caldo de cultivo posterior para la rica experiencia insurgente producida hacia diciembre de 2001, no habría mucho más para rescatar desde el campo popular, hasta la irrupción en 2005, a partir de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, de una ola feminista que volvería a conmover los cimientos del andamiaje ideológico imperante, desde su denuncia del carácter indisociablemente patriarcal del capitalismo, su audaz planteo de que “lo personal es político”, y su defensa de una Ética del Cuidado reivindicada en el marco de un presente impiadoso, generando así lo que muchos consideramos el más reciente y significativo salto de calidad producido por nuestro pueblo.
El resto estuvo constituido por una militancia otrora aguerrida que pasó a ocupar los despachos oficiales generando unas pocas iniciativas rescatables y un incremento simultáneo del peculio de sus propias orgas, mientras los sectores más insumisos cumplimentaron por más de una década el ritual de manifestarse a las puertas de la cartera social y dormir a la intemperie, tanto en la Avenida 9 de Julio como en Plaza de Mayo, engordando sus filas a expensas de la asistencia social, pero descuidando a la vez la imprescindible presencia en los territorios y, por encima de todo, la formación de cuadros en condiciones de soportar 40° de calor al rayo del sol sin romper filas, o desplegar estrategias de autodefensa cuando la represión arremete a sangre y fuego.
El argumento para justificarlo fue semejante a implementar la estrategia del karateca: Valerse del erario público para construir autonomía. Ganando perspectiva, dicha tesitura recuerda al film Bananas, estrenado por Woody Allen en 1971, donde una Revolución triunfante en el Caribe envía representantes a Washington a reclamar fondos para sostener su proyecto anticapitalista.
Lo que muchos analistas califican como estado de anomia, sería imposible de entender pasando por alto el fenómeno descripto, de gestación de una militancia estatalista y gestionaría cuya presencia pública se debilitó casi hasta la desaparición cuando el gobierno libertariano redujo a su mínima expresión los planes sociales y vació el espacio público apelando a un Protocolo Antipiquetes - que los sectores más reaccionarios celebran a la par de un engañoso control inflacionario -, produciendo el éxodo masivo de activistas de base de los microcentros a las periferias, para volver a mendigar una changa mal pagada en pos de parar la olla, y a librar la batalla cotidiana por rescatar a los hijxs del embarazo infantil o el consumo de drogas truchas que les disuelven el cerebro.
Todo lo señalado hasta aquí no es producto de un frío análisis sociológico realizado a distancia prudencial de los hechos descriptos, sino por un protagonista calificado del arte de “pedirle peras al olmo”, movilizando compañeros y compañeras muy humildes, que invirtieron estoicamente mucho tiempo de sus vidas lejos del espacio de esas comunas cuya realidad conocen como la palma de sus manos, y adonde suelen hacerse mucho más fuertes que sus opresores. Al fin y al cabo, pecamos de suponer que construir con empatía en la base nos permitiría torcer ese rumbo, pero la realidad nos pasó por encima. Valga el señalamiento para dejar en claro que la severidad de nuestras apreciaciones nos involucra de lleno, como co responsables de lo que gran parte del pobrerío opina hoy de la mayoría de las organizaciones sociales.
Dicho esto en la plena convicción de que corresponde repensar alternativas urgentes para frenar el genocidio sociocultural desatado por La Libertad Avanza, detengámonos por un instante a indagar la posible génesis de la perplejidad que parece haberse adueñado de buena parte de la militancia, visto y considerando que no abundan nuevas expresiones del hacer político.
Desde la perspectiva que venimos desplegando, un hito detectable de nuestra propia incomprensión del momento político que se inaugurara hacia 2023 fue el de suponer que la solvente argumentación de Sergio Massa, ex ministro de economía de Alberto Fernández, - y hoy devenido en co gestor de la unidad de un peronismo “servidor de pasado en copa nueva” - había aplastado en el último debate presidencial al balbuceante panelista de Intratables Javier Milei, erigido en tal circunstancia en representante iracundo de aquel hombre común que no domina los entretelones de la cosa pública.
Ante su - no por previsible menos sorprendente - triunfo electoral, la segunda circunstancia en la que derrapamos muchos apresurados augures de su posible tránsito fugaz por la política fue adherir a la idea de que duraría poco al frente del Ejecutivo Nacional. Personalmente, me toca asumir que, en charla celebrada durante la primavera de 2023 ante los estudiantes de un colegio secundario porteño, se me ocurrió tranquilizar a aquel piberío aventurando que el economista anarco capitalista duraría “lo que un pedo en una bolsa".
Podría seguir abundando en errores de apreciación compartidos con muchxs compañerxs pero, para no aburrir, me limitaré a reconocer que no hace mucho nos embargó una cierta sobreestimación operativa del llamado "Triángulo de Hierro" - hoy bastante oxidado - integrado por un cosplayer delirante, una repostera sin antecedentes políticos, y un concheto con veleidades esotéricas basadas en las profecías de Solari Parravicini, cuyxs candidatxs nacionales para las próximas elecciones no hacen más que ratificar la afirmación del politólogo Andrés Malamud, acerca de que “Argentina atraviesa un proceso de descomposición política”.
Pero lo cierto es que Milei es mucho más que eso: Es la dimensión exacta de nuestra derrota. La del proyecto revolucionario de los años 70 y la de todo intento fallido por encontrar una salida digna desde entonces al intríngulis argento.
A medida que escribo estas líneas me recuerdo presentando en la Feria Internacional del Libro, poco antes del Argentinazo, una crónica testimonial novelada sobre mi experiencia militante durante los “años de plomo”, acompañado por los historiadores Felipe Pigna y Roberto Baschetti. En esa ocasión, se me escuchó decir que la insurgencia de los años setenta solo perdió una batalla, pero no la guerra, afirmación que desmienten los argumentos expuestos en esta nota y, muy por encima de ellos, nuestro presente político, económico y social.
Recapitulando, y dado que - al menos hasta nuevo aviso - muchxs compatriotas aún reclaman al peronismo que cumpla el rol de trabar las mandíbulas del caimán que viene devorando nuestros derechos, la situación del movimiento, vista desde la perspectiva de la generación que "les cortó la digestión a los poderosos" (expresión del montonero Roberto Cirilo Perdía), demuestra que de mínima arrastramos un debate no saldado entre el peronismo fifty fifty de 1945 y el que hacia 1975 llegó a disputar para los trabajadores una tajada mucho mayor del PBI; otro bien a fondo sobre el carácter altamente condicionado del orden imperante desde 1983, ahora que muchos opinólogos neo menemistas argumentan que a partir de 1989 se llevó a cabo la experiencia más virtuosa de un “capitalismo posible para la Argentina” (Jorge Asís); y uno que demuestre taxativamente que la llamada “Década Ganada” (2003 - 2015) bien lejos estuvo de ser la continuidad de la “primavera camporista” con que se identifica la agrupación que nuclea a sus defensorxs, empeñadxs en desembarazarse del estigma que depositó sobre sus espaldas la gestión inaugurada en 2019, co responsable de ponerle alfombra roja a la amenaza que hoy se cierne sobre el destino nacional.
De resultas que, si “quedarse en el 45” resulta improductivo, quedarse en la "década ganada" es lisa y llanamente fatal, ya que ambas posiciones suponen renunciar al futuro.
En estas horas, la vacancia de una macropolítica verdaderamente transformadora deja a la intemperie la escualidez de toda micropolítica concebida “para ir tirando”.
Lo sostendremos hasta agotar: En su larga marcha hacia un porvenir de dicha, el pueblo argentino no ha dejado de elaborar programas dignos de revisión a la luz de los paradigmas del Siglo XXI, fundamentalmente en relación al mundo del trabajo, que supo gestar al último sujeto social capaz de enfrentar al capitalismo, amenaza principal de la vida en el planeta.
Los tiempos cambian, pero hay un dato incontrovertible: Con lluvia, escarcha o Pampero, nuestro sufrido pueblo nunca ha dejado de pelear, ayer exponiéndose a la tortura, la desaparición forzada o la apropiación de sus hijxs, hoy a ser descerebrado por un proyectil de Patricia Bullrich o condenado a muerte por falta de medicación oncológica. Viejas y nuevas generaciones de luchadorxs seguimos en deuda con él.
Hasta que seamos capaces de gestar un nuevo horizonte emancipatorio y la consecuente dirigencia que encabece el ciclo de luchas que lo preceda, la prioridad parece ser hacerse fuertes en los territorios, autogestionando la reconstrucción material de una vida digna, y ensayando experiencias político institucionales solo allí donde exista una sólida construcción social en condiciones de ejercer un atento control de gestión, para que sus protagonistas no se “corten por la libre” como un globo de gas al que se le soltó el piolín. Porque urge reconstruir un tejido social desgarrado y, más que eso, la propia humanidad de lxs argentinxs, sin lo cual se hace sumamente difícil protagonizar una contraofensiva popular capaz de volver a poner en agenda la necesidad de forjar un país productivo y con empleo, que reponga su Pacto Federal, replantee sus asimetrías demográficas, y se plante competitivamente ante los nuevos actores de la gobernanza global.
Por lo pronto, como alguna vez lo afirmara ante el mundo el mejor de nosotrxs, bien sabemos que “esa ola de estremecido rencor, de justicia reclamada, de derecho pisoteado, que se empieza a levantar por entre las tierras de Latinoamérica, esa ola ya no parará más. Esa ola irá creciendo cada día que pase. Porque esa ola la forman los más, los mayoritarios en todos los aspectos, los que acumulan con su trabajo las riquezas, crean los valores, hacen andar las ruedas de la historia y que ahora despiertan del largo sueño embrutecedor a que los sometieron”.
A Mabel Cruz, Juan Pastor Murphy, Solange Carolina Zaccarías, Daniel Eduardo Carozzi, Roxana Verónica Lescano, Carlos Adrián Calderero, Sara Morales, y Fernando Riva Zucchelli, en deuda. Porque nada hay más valioso que un/a compañero/a de lucha.
JORGE FALCONE
Excelente y dolientemente bello y verdadero texto. Abrazo!
ResponderEliminarConsidero humildemente que, si los protagonistas de la historia contemporánea no tocamos fondo rindiendo cuentas ante nuestro entorno, es sumamente difícil propiciar un salto cualitativo en la lucha.
ResponderEliminar22 DE AGOSTO DE 1972
ResponderEliminarLA PATRIA FUSILADA
A 53 AÑOS DE LA MASACRE DE TRELEW
NO OLVIDAMOS! NO PERDONAMOS! NO NOS RECONCILIAMOS!.
La justicia para los qué dieron su vida por la Patria, es no abandonar la lucha por esta Democracia burguesa y entreguista. La Revolución es él único caminó hacía una Patria Socialista, Anticapitalista, Antiimperialista, y Antisionista.
PATRIA O MUERTE VENCEREMOS
... y antipatriarcal. Amén
ResponderEliminarExcelente estudio pero olvida el principal factor que desalienta al "elector": vota listas sábana con docenas de candidat@s elegid@s por otr@s ¿A quién le interesa votar sin elegir?
ResponderEliminarEstimado, Roberto, más que olvidarme de las "listas sábana", las considero un mal menor frente a semejante defraudación del electorado. A mi modesto entender, es más grave la vacancia de programas para salir del pozo que la metodología de votación.
ResponderEliminarEs crítica la situación que vive la Argentina de hoy los jóvenes están atados a lo virtual. Ojalá hubiera el espíritu de lucha que ha habido antes.
ResponderEliminarMuy cierto. Así, con un oficialismo canalla y una oposición absolutamente dispersa, avanzamos inevitablemente hacia un acontecimiento disruptivo. Esos escenarios pueden forjar una nueva dirigencia heroica... o bien derivar en confrontación de todxs contra todxs. Hay mucha gente militanto noblemente. La taba está en el aire.
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